Me gustaría hablar mas bien, de lo que cuenta esta foto, en lugar de lo que oculta, por que el reflejo sobre el vidrio me cuenta otra cosa, surge otro significado de lo que veo cristalizado, estoy viendo la foto de una foto, el reflejo me habla de un lugar físico, de un proceso sobre la imagen, es un indicio de algo que exede el cuadro capturado por la maquina. Que a su vez, re-encuadra la imagen original, que también puede ser índice de otra cosa, tener múltiples significados y connotaciones. Esta foto tan conocida, es también una captura maquínica, mecánica, técnica, documental de Cortazar? Fue acaso la mirada natural, instantánea, objetiva? o es un montaje, una situación forzada, una escena preparada para fingir espontaneidad. Es entonces la imagen el espejo de la realidad?
Esto mismo podemos cuestionar de las imagenes que continúan debajo. Que diferencia hay entre la segunda y la tercer imagen? Son ambas fotografías de fotografías, o fueron tomadas de la propia realidad, del mundo inmediato, de la escena en si? Veo otro reflejo? o es la luz del sol pegando sobre la chimenea. Las diferencias son confusas, la realidad se vuelve cada vez mas difusa, me hacen dudar sobre la objetividad de las imagenes. Realizo un escaneo, como Flusser lo denomina, en busca de otro significado. A primera vista parecen imagenes de espacios, documentos de un espacio-tiempo específicos reproyectados a una imagen bidimensional. Parecen tal vez miradas ingenuas, imparciales de un lugar que no cuenta otra cosa que la superficie, que lo que se ve. Pero estamos viendo algo mas, huellas, índices, de algo que paso, del paso del tiempo, de gente que vivió, que destruyo, consumió, uso, desgasto. vuelve a surgir un concepto, el de deconstrucción; tanto de la realidad como el de sus significados y connotaciones; al mismo tiempo que pienso si la escena fue montada, preparada, cada elemento tiene su lugar especifico, tratando de decir algo mas, como en las fotografías de la muestra de D'amico, donde dudo de lo real de cada encuadre, la perfección del caos, la ubicación, el desorden aparente. Algo que se repite luego en una toma de la calle. Dos lugares diferentes, interior y exterior, montaje o realidad, contando una misma cosa, dejando un mismo mensaje: la huella.
Las fotografías son generadas por aparatos, poseen un proceso mecánico de producción, pero no tienen un carácter objetivo, sino todo lo contrario, citando una vez mas a Flusser, su objetividad es un engaño, la misma imagen es un index de su referente, son codificadas por el emisor y decodificadas nuevamente por el receptor, quien a su vez le otorga interpretacions polisemicas, segun las cargas sociales y culturales que tenga el sujeto.
La elección de estas tres imagenes, se basan en lo que parece ser una mirada ingenua, un encuadre automático, el producto de un flaneur que pasa por el lugar y captura lo que ve, despreocupado, sin interés por los reflejos o las luces, registrando su recorrido como se da naturalmente, un suceso congelado. Pero bajo una mirada mas profunda, la ingenuidad se convierte en significado, la naturalidad en huella, todas son index de algo que paso. La imagen se deconstruye, bajo la mirada del flaneur, en partes, significados y connotaciones que indican operaciones.
Como critica Baudelaire, las fotografías avanzan sobre el terreno de lo imaginario, de lo impalpable, la imagen pierde su cualidad de realismo, para dar cuenta de una huella, de la persona, del tiempo y el espacio reconstruidos.




